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Nadie es perfecto

Hace un tiempo tuve la oportunidad de encarar un trabajo de diseño de identidad visual para un candidato a presidente. En la búsqueda de atributos que me ayudaran a perfilar un líder honesto y accesible, irrumpió la idea de la vulnerabilidad: esa cualidad que tiene alguien de poder ser herido, física o moralmente. Por supuesto, desterré esta característica de inmediato. Nadie consideraría a un candidato político vulnerable.

Sin embargo, mientras mi yo más concentrado se ocupaba de construir una identidad apropiada, la idea de la vulnerabilidad palpitaba en un segundo plano. Alguna relación encontraba entre esta cualidad, que por definición es negativa, y la tarea que tenemos los diseñadores de construir imagen para las personas o las empresas. ¿Qué era eso que asociaba con la vulnerabilidad y que insistía en colarse en mi proceso creativo?

Más tarde descubrí el trabajo de Brené Brown, investigadora que ha pasado los últimos años estudiando la conexión humana y especialmente la vulnerabilidad. Su charla TED, “El Poder de la Vulnerabilidad”, es una de las más vistas en TED.com y está entre mis favoritas.

Brené Bown y “El Poder de la Vulnerabilidad”

Sentí un gran alivio cuando escuché a Brown hablar sobre la vulnerabilidad como un acto de coraje y no como una debilidad. Entendí que somos vulnerables cuando nos dejamos ver. Cuando somos capaces de renunciar a quien creemos que debemos ser, para ser quien realmente somos. Siendo nosotros mismos es como logramos verdadera conexión con los otros.

Claro… dejarnos ver y ser nosotros mismos implica aceptar nuestra condición de imperfectos (y humanos). Tal vez, eso es lo que estaba ocupando mi mente mientras trabajaba en aquella identidad. Porque eso es lo que esperamos más de una vez de esas marcas que pretenden conectarse con nosotros. Que dejen de pretender ser lo que no son y que nos hablen honestamente.

Nos engañamos pensando que lo que hacemos no tiene efecto en otras personas. Lo hacemos en nuestra vida personal o colectiva, ya sea con una fianza o un derrame de petróleo, una retirada. Fingimos que lo que hacemos no tiene un gran impacto sobre otras personas. Yo les diría a las empresas: “No somos ingenuos”. Sólo queremos que sean auténticos y reales y que digan “lo sentimos, lo arreglaremos” (Brené Brown, en El Poder de la Vulnerabilidad)

A diario me enfrento con la tarea de ayudar a responsables de marcas a lograr mayor conexión con la gente. Si yo fuera cada una de ellas, intentaría hacerme las siguientes preguntas:

¿Por qué existo? ¿Cómo afecto la vida de las personas?

¿Cuáles son mis fortalezas y cuáles son mis limitaciones?

¿Estoy prometiendo más de lo que puedo hacer?

¿Estoy comunicando de manera auténtica?

¿Puedo estar equivocándome en algo? ¿Puedo comunicarlo e intentar mejorarlo?

La identidad (de una empresa o de una persona) se construye también con lo que ésta dice y hace. Hoy, estoy convencida de que el camino para la verdadera conexión entre las marcas y su público va de la mano de la honestidad y la autenticidad. Algunas marcas lo hacen muy bien (Patagonia, por ejemplo). Otras, la gran mayoría, luchan a diario para pretender ser algo que no son. ¿Perfectas?



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Maria Spitaleri

Senior Designer, Buenos Aires

16/10/2014

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